lunes, 3 de junio de 2013

Amor en tiempos de frenesí.

Había sentido su corazón palpitar, pero nunca de esta manera, contaba cada latir, hasta 12 latidos, luego empezaba a contar de nuevo, me entraba por los poros una sensación de comodidad, de bienestar. Algo que pasa sólo cuando llegas de un largo viaje a casa, donde te sientas en el sofá favorito de tu sala, avientas las cosas, y agradeces por fin estar en casa. Así me sentía entre tus brazos. En casa. Todo me llevaba hacia a él, a sus ojos, esos ojos que me guiaban al paraíso, que cuando veo que sus pupilas dilatan el mundo se me llena de amor, de vida, de esperanza, esos labios que me saben a miel, se convierten en mis enemigos a la hora que empiezan a rozar los míos, ese par que es culpable de que me tiemblen las piernas y pierda cualquier tipo de auto control. Esas manos que parecen tocadas por Dios, que me hacen enchinar la piel, que hacen que se me doblen las rodillas y mi corazón corra cuál corcel.

Después de dejar destruido a mi corazón, después de que lo dejaron desangrando en la calle, llega él a curar mi herida, a levantar y delicadamente unir hasta el más mínimo pedazo de mi destrozado corazón que si no hubiera sido por él, hubiera ido a parar a la basura. Pacientemente lo veía remendarlo, cuando hacían falta piezas, este ángel, que seguía sin entender porque estaba allí, tomaba partes cuál refaccionaria de su corazón para terminar de arreglar el mío...

Sus ojos me recordaban a las vetas de la madera, esa sonrisa pícara pero discreta, en armonía con las huellas que iba dejando al repararme, eran semillas que se iban alojando en mi alma, me empezaba a sentir en deuda con él pero cada vez que me besaba sentía que la única manera de retribuirle tanto era amándolo con tanto frenesí posible, con tanta locura que hasta me quemaría la piel en el intento, amarlo es tan fácil y tan vital cómo respirar.  
Cada vez que él esta hablando, espero no lo note, pero amo perderme en la penetrante oscuridad de sus pupilas, sé que cuando habla de algo verdadero, sus pupilas se dilatan, cuando me promete cosas con el corazón por ejemplo. 

No me importaba su pasado, me importaban las heridas que llenaría con mi amor, no me importaban las cicatrices, me importaba tener los suficientes besos para cubrirlos, no me importa otra cosa que no sea él. Él, ese maravilloso hombre que no viene sólo, viene lleno de verde esperanza, de promesas azules y mucho amor, un futuro que parece sacado de el mejor cuento de Disney, no era un príncipe, ya estaba cansada de esas chingaderas, no. Él era mejor que eso, era mi hombre, en carne y hueso & que era más mágico e intenso que cualquier otra forma de amor. 

Podría fácilmente voltear a llorar por mi pasado, podría negarlo, pero no, hasta eso él lo convierte en algo diferente, mi pasado, mi dolor, mi llanto me han traído hacia él, ese maravilloso hombre que quiero amar tan profundo cómo un suspiro y tan eterno cómo el universo. Nuestro amor crece cómo una orquídea, delicada, perfecta, exótica, una belleza deseada por muchos, lograda por pocos...

Seguiría hablando horas & horas de él, pero no quiero que nadie más se enamoré de él, de algo más que mi novio, mi amigo, mi todo, basicamente el amor de mi existencia, porque mi vida no es suficiente para amarlo...