domingo, 1 de septiembre de 2013

Corriendo bajo la lluvia.

Podía verte, acostado en tu cama, mirando este cielo que iluminado esta, sin en cambio parece que en cualquier momento se soltará una tormenta, te veo, volteandote y mirando a la pared y preguntandote tantas cosas, cosas que a pesar de estar a kilómetros de mi, puedo escucharte gritar, queriendo golpear todo a tu paso, pero recordando la promesa que te impide hacerlo, te frustras más por no poder hacerlo, siento cómo tú corazón late rápido, a unas 100 lagrimas por minuto, mientras olvidas que el mío esta sincronizado con el tuyo, que desde que decidieron correr juntos bajo la lluvia, se volvieron uno mismo, y que la emoción, la alegría y el dolor se siente en ambas partes. 
Me tienes en el filo de la corniza, me tienes a metros del piso, a punto de caer de esta cuerda floja que me pones, empieza a faltarme el aire, el sol, y la cordura. 
Todo esto, que puedo perder, que si se va, ya no importa, porque sin ti, no tiene sentido. 
Fiel a tus costumbres de intermitencia emocional, mantengo la cordura, imposible situación cuando quiero salir corriendo a buscarte, y mis ojos borrosos, llenos de lluvia y llanto me impiden ver a donde voy... 
Sólo quiero que tu y yo nos sentemos, coloquemos esas cartas que nos molestan, todo aquello que no encaja en nuestras vidas, dejar de morderme el labio sola, que llegues me abraces, te besé y demos vuelta a esta página que no nos deja escribir tantas historias, seguir así adelante con nuestras vidas, escribir besos en nuestra piel, amarnos hasta que arda, pelearnos, odiarnos, y volvernos a amar en un giro de frenesí y pasión. Así somos, inestables, perfectos, locos, y es por eso que sómos el uno para el otro. 

Mientras escribo esto, el hueco en mi pecho, se hacía más y más grande, no cómo una herida, sino cómo una ausencia, no cualquiera, no de esas que duelen pero son soportables, no, tú ausencia no es cómo ninguna otra, es un espacio que me atraviesa, que hace que el llanto emane de mi cómo agua de manantial, que me hace prender una vela, tomar más café del habitual y me parte en dos, estallando todo en mi interior... 




Sabía perfectamente que perdería, si se quedaba otro día, no iba a largarse jamás...


No hay comentarios:

Publicar un comentario